China aprueba el primer implante cerebral comercial del mundo, con cobertura de seguro incluida
China acaba de dar un paso que ningún otro país ha dado: un implante cerebral invasivo, el NEO, ha recibido aprobación comercial completa y ya se usa en hospitales como tratamiento médico estándar. La autoridad reguladora china (NMPA) aprobó el dispositivo en marzo de 2026, y días después fue integrado en el sistema nacional de seguro médico. Para los pacientes con parálisis por lesión medular, esto significa acceso con copago, no como terapia experimental, sino como medicina reembolsada.
El dispositivo
El NEO, desarrollado por investigadores de la Universidad de Tsinghua, es un dispositivo del tamaño aproximado de una moneda. Se implanta en el cráneo en un procedimiento de unos 90 minutos, pero sin penetrar el tejido cerebral: los sensores se sitúan sobre la duramadre, la membrana que recubre el cerebro. Esto lo coloca en una categoría de riesgo regulatorio inferior a la de los implantes de Neuralink, cuyos electrodos sí perforan la corteza.
El sistema lee las señales eléctricas del cerebro, interpreta la intención de movimiento del paciente y las transmite a un dispositivo externo, como un guante robótico que cierra los dedos cuando el paciente simplemente lo piensa. El primer paciente tratado fuera de un ensayo clínico —en el Hospital Huashan de Shanghái— llevaba una década sin poder cerrar la mano tras un accidente de tráfico. Según los médicos, la operación fue un éxito y la calidad de señal cortical superó las expectativas.
El contraste con Occidente
Neuralink, la empresa de Elon Musk, lleva implantados 12 pacientes en EE. UU. bajo protocolos de investigación, según Sudonull (BCI Regulatory Analysis). No tiene aprobación comercial de la FDA, y los analistas no la esperan antes de 2028–2030. El coste estimado del NEO ronda los 300.000–500.000 yuanes (entre 41.000 y 69.000 euros) por paciente, aunque el seguro chino ya cubre parte de ese importe.
En España, ni la Agencia Española de Medicamentos ni la EMA han iniciado un proceso de aprobación para implantes invasivos de interfaz cerebro-ordenador. Los dispositivos de clase III —la categoría de mayor riesgo bajo la normativa europea de productos sanitarios— requieren años de datos post-comercialización antes de que el Sistema Nacional de Salud pueda plantearse su reembolso. La protección de datos neurales también entra en juego: el RGPD clasifica este tipo de información como categoría especial, lo que añade capas de cumplimiento que no existen en China.
Las ambiciones de Pekín
China no plantea esto como un experimento aislado. El BCI forma parte del plan quinquenal como industria estratégica, según Digital Health News. El objetivo es escalar el número de operaciones de forma exponencial hasta 2027 y lograr un despliegue clínico amplio antes de 2030, con implantes producidos en serie como si fueran cualquier otro dispositivo médico de consumo masivo. España y el resto de Europa, mientras tanto, siguen sin un equivalente propio listo para el mercado.