El robot japonés del tamaño de una naranja que cambió la exploración lunar en 100 minutos

Por: Carmen Ruiz | hoy dia, 11:54
LEV-2 se separó del módulo SLIM, desplegó sus ruedas automáticamente sobre la superficie lunar y capturó numerosas imágenes de forma autónoma. Ilustración: JAXA / TOMY / Sony / Universidad Doshisha LEV-2 se separó del módulo SLIM, desplegó sus ruedas automáticamente sobre la superficie lunar y capturó numerosas imágenes de forma autónoma. Ilustración: JAXA / TOMY / Sony / Universidad Doshisha. Fuente: Fuente: TOMY

Un robot del tamaño de una naranja acaba de redefinir cómo exploramos la Luna. El 19 de enero de 2024, el rover esférico SORA-Q (también llamado LEV-2), con apenas 250 gramos de peso y 8 centímetros de diámetro, operó de forma completamente autónoma sobre la superficie lunar durante más de 100 minutos, sin recibir ninguna orden en tiempo real desde la Tierra. Es el rover más pequeño y ligero que ha funcionado en la Luna, y su éxito cuestiona décadas de apuesta por máquinas grandes y caras.

El juguete que fue al espacio

SORA-Q no es obra exclusiva de ingenieros aeroespaciales. La Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA) diseñó el rover junto a Takara-Tomy —el fabricante de juguetes Transformers—, Sony y la Universidad Doshisha. La experiencia de Takara-Tomy en mecanismos de transformación resultó clave: al tocar el suelo, la esfera se abre y sus dos mitades se convierten en ruedas. Sony aportó las cámaras y las placas de control electrónico.

Las ruedas están ligeramente desalineadas respecto al eje central, lo que provoca un movimiento de vaivén que impide que el robot se entierre en el fino y abrasivo polvo lunar. La navegación fue completamente autónoma: el SORA-Q procesaba imágenes a bordo para localizar el módulo de aterrizaje SLIM y calcular su propia posición, transmitiendo los datos a la Tierra a través del satélite LEV-1 como repetidor, sin comunicación directa con el centro de control, según Live Science.

De un rover caro a un enjambre barato

La verdadera apuesta detrás de SORA-Q no es técnica, sino estratégica. Perder un rover tradicional de cientos de millones de euros supone el fin de toda la misión. En cambio, enviar varios robots pequeños convierte la avería de uno o dos en un contratiempo menor, no en una catástrofe. Japón ha demostrado que producir en serie exploradores miniaturizados es ya una estrategia viable, no una teoría.

NASA va en la misma dirección: su programa CADRE contempla enviar tres rovers del tamaño de una maleta a la Luna en 2026, trabajando en equipo de forma autónoma. El modelo de enjambre está dejando de ser ciencia ficción.

España, fuera del tablero

España no cuenta con ningún programa propio de rovers planetarios. Mientras Japón y Estados Unidos avanzan hacia misiones distribuidas y de bajo coste, la participación española en robótica espacial sigue siendo marginal. El coste de desarrollo del SORA-Q —estimado en el entorno de 15 a 20 millones de dólares— ya es inaccesible para la mayoría de startups espaciales españolas, y la cadena de suministro europea que nutre estos proyectos pasa fundamentalmente por Alemania, Francia e Italia.

La autonomía total de robots como SORA-Q también plantea preguntas legales relevantes aquí: si una máquina opera sin telecomando y causa un incidente, ¿quién responde? Es un debate que la regulación española de drones y robots civiles tendrá que afrontar antes de que estos sistemas lleguen a aplicaciones terrestres.