NASA revisa por primera vez en 50 años las normas que protegen a Marte de la contaminación terrestre
NASA ha creado un grupo de trabajo externo, denominado M-FORCE, para revisar las normas que impiden que bacterias terrestres lleguen a Marte a bordo de las naves espaciales. Las reglas actuales se apoyan en gran medida en los datos de las misiones Viking de los años 70, y hay 60 años de nuevas observaciones del planeta rojo pendientes de aplicar. Lo que decida este equipo marcará el estándar internacional para la próxima década de exploración marciana.
El problema de las viejas reglas
Desde la época Viking, los métodos de esterilización apenas han cambiado: se elimina todo microorganismo posible del hardware antes del lanzamiento, sin importar el coste. En aquella misión, la esterilización supuso más del 10% de un presupuesto total de 1.000 millones de dólares. Aplicado a una misión moderna a zonas especiales de Marte, el coste de limpieza podría alcanzar los 500 millones de dólares por sola. Con la carrera comercial hacia Marte en marcha, esa factura ya no se considera sostenible.
M-FORCE propone pasar de un enfoque prescriptivo —destruir todos los microbios— a uno probabilístico: calcular la probabilidad real de que un organismo terrestre sobreviva y se propague en el entorno marciano. Si los datos actualizados demuestran que las condiciones del planeta son por sí mismas un esterilizador eficaz, los umbrales de riesgo aceptable podrían relajarse.

Ilustración de una nave en órbita marciana. La revisión de los protocolos de protección planetaria afecta a todas las misiones robotizadas y tripuladas previstas.
Qué significa esto para Europa y España
El equipo, formado por expertos de la academia, la industria y laboratorios científicos, tiene tres meses para presentar un informe que se publicará en abierto. Ese documento servirá de base para actualizar las directrices del COSPAR, el panel internacional que fija los estándares de protección planetaria. La ESA —y con ella España, como estado miembro— sigue estas normas de forma obligatoria en misiones como ExoMars.
El problema es que las directrices COSPAR no son jurídicamente vinculantes bajo el Tratado del Espacio Exterior de 1967: cada agencia las interpreta y aplica según su criterio. Y si operadores privados como SpaceX deciden ignorar unos estándares relajados, no existe ningún mecanismo global de fiscalización que les obligue a cumplirlos.
La ventana de oportunidad de 2026
La nueva normativa interna de NASA (NPR 8715.24) expira en septiembre de 2026, lo que convierte las recomendaciones de M-FORCE en una pieza clave: si llegan a tiempo, podrían moldear tanto la política estadounidense como el marco internacional para los próximos años. Para España y la ESA, participar activamente en ese debate —y no limitarse a adoptar lo que decidan otros— es lo que está en juego.