El impacto lunar del Falcon 9: cuando la basura espacial se convierte en ciencia

Por: Carmen Ruiz | hoy dia, 14:57
Lanzamiento del cohete Falcon 9. Foto: SpaceX Lanzamiento del cohete Falcon 9. Foto: SpaceX. Fuente: Foto: SpaceX

Un tramo superior del cohete Falcon 9 de SpaceX impactará en la superficie lunar el próximo 5 de agosto de 2026 a las 06:35 UTC, sin que nadie pueda evitarlo. El objeto pesa entre cuatro y cinco toneladas y viaja a unos 8.700 km/h. El choque liberará una energía equivalente a tres toneladas de TNT y dejará un cráter de más de 17 metros de diámetro, según los cálculos del astrónomo Bill Gray, quien fue el primero en determinar la trayectoria.

El tramo fue lanzado en enero de 2025 para llevar las misiones lunares Blue Ghost (Firefly Aerospace) y Hakuto-R (ispace) hacia la Luna. Las condiciones orbitales —influidas por la actividad solar y las perturbaciones gravitacionales— impidieron que la etapa reentrase de forma controlada en la atmósfera terrestre, algo habitual en las rutas de alta energía hacia el sistema Tierra-Luna-Sol.

El impacto como experimento

Lejos de ser un simple accidente, el choque se ha convertido en una oportunidad científica. El Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) de la NASA, activo en órbita lunar desde hace más de una década, realizará imágenes del lugar antes y después del impacto para estudiar la formación del cráter y la dinámica del regolito expulsado. La sonda surcoreana Danuri también participará en las observaciones. Un equipo de más de 23 investigadores ha publicado ya en arXiv una campaña coordinada de observación abierta a telescopios profesionales de todo el mundo.

No es la primera vez que objetos artificiales golpean la Luna con propósito científico: el programa Apollo dirigió intencionalmente etapas del Saturno V contra la superficie para estudiar el subsuelo lunar con sismómetros, y en 2009 el impacto de una etapa Centaur en el cráter Cabeus confirmó la presencia de hielo de agua. En 2022, China protagonizó un impacto no planeado de un tramo del cohete Long March 3B que dejó un inusual cráter doble.

Lanzamiento del cohete Falcon 9. Foto: SpaceX
Lanzamiento del cohete Falcon 9. Foto: SpaceX

Sin regulación para los residuos cislunares

El caso del Falcon 9 pone de relieve una laguna regulatoria real. España participa en la Agencia Espacial Europea (ESA) y en el programa Artemis a través de proveedores como Airbus y otras empresas de la cadena de valor aeroespacial, pero ni España ni la UE disponen hoy de un marco específico para gestionar los residuos en el espacio cislunar, la región entre la Tierra y la Luna.

Las agencias reguladoras nacionales —CNMC, AEPD— se ocupan de telecomunicaciones y datos, no de escombros orbitales. A medida que aumentan las misiones privadas y gubernamentales hacia la Luna, la ausencia de estándares de desorbitación para etapas superiores representa un riesgo creciente para futuros módulos habitados y bases lunares.

Desde España, la observación directa del impacto será prácticamente imposible: la posición de la Luna en ese momento, la luz solar y la distancia exigen telescopios profesionales de gran apertura. Los observatorios de Canarias estarían entre los mejor situados para intentarlo, aunque el resultado dependerá de las condiciones atmosféricas y del equipamiento disponible. Para el resto, las imágenes llegarán a través del LRO y de los equipos participantes en la campaña científica internacional.