Griffin-1: el módulo lunar que quiere borrar el fracaso de Peregrine
En enero de 2024, el módulo Peregrine-1 de Astrobotic ardió en la atmósfera terrestre antes de llegar a la Luna. La causa fue un simple fallo en una válvula del sistema de combustible. Ahora la empresa acaba de presentar Griffin-1, su sucesor rediseñado, y lo que se juega va mucho más allá de la reputación de una startup de Pittsburgh.
El rediseño tras el desastre
La lección de Peregrine fue clara: un único punto de fallo puede destruir una misión entera. Para Griffin-1, los ingenieros rehícieron la arquitectura del sistema de combustible con doble redundancia: dos componentes independientes de tipos distintos protegen ahora cada función crítica. Astrobotic confía en que este diseño, inspirado en estándares aeroespaciales consolidados, elimina el riesgo que tumbó a su predecesor.
El módulo acaba de ser presentado en público en estado casi operativo y se trasladará próximamente al Laboratorio de Propulsión a Reacción de la NASA (JPL) en California para someterse a pruebas de vibración y vacío térmico.

Un peso pesado hacia el polo sur
Griffin-1 no es un satélite pequeño: tiene capacidad para transportar hasta 650 kg de carga útil hasta la superficie lunar. Para eso hace falta un cohete como el Falcon Heavy de SpaceX. El lanzamiento está previsto para finales de 2026, con destino al polo sur de la Luna.
La carga principal será el rover FLIP (FLEX Lunar Innovation Platform), desarrollado por Astrolab como sustituto del rover VIPER que la NASA canceló en julio de 2024. FLIP también transportará instrumentos científicos de la agencia dentro del programa CLPS (Commercial Lunar Payload Services). Entre los más de diez instrumentos internacionales a bordo figura la cámara LandCam-X de la ESA, aunque no hay ninguna carga útil española confirmada en el manifiesto.
La gran apuesta corporativa
El contexto empresarial añade presión extra. Voyager Technologies ha adquirido Astrobotic por hasta 300 millones de dólares: 162 millones en efectivo más un pago variable de hasta 129 millones ligado directamente al éxito de Griffin-1, según SatNews. El objetivo de Voyager es construir una cadena lunar completa —módulos de aterrizaje, generación eléctrica y hábitats— sin depender de socios externos.
Para España, la misión es un recordatorio de dónde está el centro de gravedad de la economía lunar. Sin fabricante propio de módulos de alunizaje y sin participación directa en el programa CLPS de la NASA, la presencia española se limita a proyectos canalizados a través de la ESA. Si Griffin-1 aterriza con éxito en el polo sur, demostrará que el modelo de contratación privada con agencias espaciales es el camino que seguirá marcando el ritmo en la próxima década.