China abre el espectro 6GHz para ensayos de 6G y acelera la carrera por los estándares globales
China lleva semanas dando pasos concretos hacia la red móvil del futuro. El 8 de mayo de 2026, el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información de China (MIIT) concedió espectro de prueba en la banda de 6 GHz al grupo IMT-2030 (6G) Promotion Group, el organismo que coordina el desarrollo del 6G en el país. Esto no es ciencia ficción: son ensayos de campo reales en regiones específicas del país, con el objetivo de moldear los estándares técnicos que regirán las telecomunicaciones globales de la próxima década.
La banda de 6 GHz
La banda de 6 GHz se considera un punto de equilibrio en el mundo de las radiofrecuencias. Ofrece velocidades de transmisión muy superiores a las del 5G actual y una latencia mucho más baja, pero mantiene una cobertura suficientemente amplia para usos masivos. A diferencia de las frecuencias milimétricas —que se bloquean con facilidad incluso por los árboles— esta banda promete la estabilidad necesaria tanto para consumidores como para la industria.
Según el calendario de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, las redes 6G están previstas como base para la inteligencia artificial a gran escala, las comunicaciones holográficas y el transporte autónomo. El despliegue comercial no llegará antes de 2030, y en Europa el horizonte se extiende hasta 2032–2035.
El riesgo para España y la UE
La decisión de China no es solo técnica: es estratégica. El país ya acumula alrededor del 47 % de las patentes globales de 6G, y controlar los resultados de los ensayos antes de la ventana de presentación ante la ITU en 2028 refuerza sus aspiraciones sobre los estándares esenciales. Quien defina esos estándares, dicta las condiciones de licencia al resto del mundo.
Europa avanza más despacio y de forma fragmentada. La RSPG aprobó en noviembre de 2025 solo 540 MHz de la banda superior de 6 GHz para uso móvil, según RCR Wireless. España, a través de la CNMC, deberá transponer esa decisión a la normativa nacional, pero la arquitectura de red real tendrá que esperar a las decisiones definitivas de la ITU. Telefónica, Vodafone y Orange se enfrentan así a tener que planificar dos vías simultáneas: el estándar chino y el Open RAN europeo, con el consiguiente encarecimiento de la inversión en I+D.
¿Qué cambia para el usuario?
Por ahora, nada en el bolsillo. No hay motivo para cambiar de móvil ni de tarifa. Lo que está en juego es a qué precio y bajo qué condiciones llegará el 6G cuando sí sea una realidad. Si China consolida su ventaja en patentes y estándares antes de 2028, los fabricantes y operadores europeos —y los consumidores finales— podrían depender de acuerdos de licencia con empresas chinas, algo que influirá en el coste y en la soberanía tecnológica del ecosistema digital español. Como apunta el análisis de 6G-AI, la inversión china en 6G ya supera los 5.000 millones de dólares frente a un enfoque europeo todavía disperso.