La carrera lunar de 2028: NASA contra China por el control del Polo Sur

Por: Carmen Ruiz | hoy dia, 19:56

La NASA tiene previsto llevar astronautas a la Luna en 2028; China apunta a 2030. Dos años de ventaja parecen suficientes, pero cualquier retraso podría cambiar el resultado de una carrera que, según el administrador de la NASA Jared Isaacman, va mucho más allá de la exploración espacial: quien llegue primero decidirá qué normas rigen la economía cislunar durante las próximas décadas.

El aparcamiento más disputado del sistema solar

El destino de ambas misiones es el Polo Sur lunar. La zona concentra hielo de agua —materia prima para combustible de cohete y sistemas de soporte vital— y condiciones ideales para probar tecnología antes de un eventual viaje a Marte. El problema es que los puntos aptos para aterrizar son escasos. Isaacman los comparó con "un número limitado de plazas de aparcamiento" que dos potencias reclaman a la vez. Un estudio presentado en AIAA SciTech 2026 confirma que los actores que lleguen uno o dos años antes pueden establecer zonas de seguridad de entre 1 y 5 km que, en la práctica, bloquean el acceso de los rivales.

Estándares como poder blando

Isaacman trazó un paralelismo directo con el Apolo 11 de 1969: la misión no fue solo un logro técnico, sino una demostración de capacidad que orientó alianzas durante décadas. Hoy ocurre lo mismo. El país que establezca primero su presencia en el Polo Sur marcará los estándares tecnológicos que otros adoptarán y elegirá con quién construye sus alianzas de seguridad espacial.

Estados Unidos impulsa los Acuerdos Artemis, un marco de gobernanza lunar que ya cuenta con 71 firmantes, según Wikipedia. China y Rusia promueven su alternativa, la Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS), fuera del marco de la ONU. Si Pekín aterriza primero, la influencia de Washington sobre esas normas se debilita de forma considerable.


La NASA busca coordinar sus esfuerzos con el Pentágono para acelerar el regreso a la Luna.

Colaboración con el Pentágono

Para no perder terreno, Isaacman propone que la NASA trabaje más estrechamente con el Departamento de Defensa, compartiendo recursos en operaciones cislunares y proyectos de energía nuclear espacial. Mantener dos programas paralelos diluye los fondos; combinarlos permitiría competir mejor con un programa chino respaldado directamente por el Estado.

España, al margen de la mesa

Madrid no ha firmado los Acuerdos Artemis, aunque empresas españolas como Airbus Spain y Elecnor Deimos contribuyen con tecnología al programa. Esa posición periférica tiene consecuencias prácticas: sin voz en la negociación de estándares, el sector espacial español se arriesga a tener que adaptarse a normas —de extracción de recursos, espectro cislunar o telecomunicaciones— que otros habrán fijado de antemano. La carrera lunar avanza; la diplomacia espacial española, todavía no.